La politóloga especialista en integración y desarrollo subrayó la relevancia de
los clubes como “dispositivos desde los cuales es posible proyectar la
comunidad”. También se refirió a las SAD, la cultura del trabajo, la realidad
laboral que atraviesan los argentinos y aportó una mirada disruptiva de
abordaje para la política nacional a través de la “construcción de causas”.
“Los clubes son centrales en la identidad argentina. Son de las pocas
cosas que todos los argentinos y argentinas tenemos una referencia en la
cabeza; no quedan tantos lugares tan constitutivos. Por eso, tienen una función
de socialización, de crear comunidad, de enseñar deportes, valores… es una
comunidad de pertenencias que permite proyectar y compartir muchas cosas.
En una sociedad que está tan fragmentada, donde cada vez nos encontramos
menos, de una segregación muy grande donde crecen problemas como los de
la soledad, la ansiedad o la depresión los clubes son (y pueden ser todavía
más) uno de esos dispositivos desde los cuales es posible proyectar la
comunidad. La solución está ahí, tenemos que mirarlos y ayudarlos a
potenciarse”, comenzó su relato María Migliore.
En la misma línea, detalló que estas instituciones son transversales a las
clases sociales. “La dinámica de los clubes pasa en las clases más altas, en las
clases medias y tenemos que ampliarlo más para que esté presente en las
clases más bajas. Un chico que va a la escuela en jornada simple, si no tiene
un club cerca, si no hay una institución donde pueda pasar el tiempo mientras
también los padres están trabajando, termina en la calle y se expone a un
montón de cosas, desigualdades estructurales, violencia”.
- ¿Qué le parece cuando proponen las Sociedades Anónimas Deportivas
(SAD) en los clubes?
-Tengo una visión negativa. Los clubes cumplen una función social grande,
con lo cual me parece que hay cuestiones que hay que mirarlas desde esa
perspectiva.
- ¿Qué importancia cree que tienen los sindicatos como actor social?
-Para mí los sindicatos son importantísimos siempre y creo que han sido
un gran motor de transformación en la Argentina, pero me parece que hay
que dar las discusiones de reformas laborales necesarias en función también
de la coyuntura. En el mercado de trabajo, lo que más viene creciendo es el
cuentapropismo informal, entonces hay una porción de trabajadores muy
grande que está trabajando en marcos que muchas veces no tienen ningún tipo
de protección, ni seguro. Habría que pensar temas de reforma laboral que
ayuden a las pymes a poder contratar mejor, a bajar cargas laborales.
Entonces creo que los sindicatos son claves para ayudar a institucionalizar.
- ¿Eso es una responsabilidad de los gremios o también puede ser una
cuestión del Estado?
-Cuando se piensa en reformas laborales hay que pensar en reformas
laborales inclusivas. Obviamente esto es responsabilidad del Estado, de
legislar, de poder implementar, pero creo que los sindicatos podrían aportar esa
innovación para que las reformas sean realistas en el contexto argentino.
Entonces creo que tiene un valor enorme y que podrían ser también
protagonistas de la transformación.
En referencia a la política social, María Migliore, señaló que “hay que empezar
a discutirla de manera segmentada, un poco más profesional; no es lo mismo
una política alimentaria, que una de clubes o para fortalecer escuelas. Para que
tenga mejores resultados hay que mirarla más detenidamente y como parte de
una estrategia general. Pero la política social no puede arreglar lo que no
arregla la política económica”.
De una sensibilidad social a flor de piel y con información respaldatoria, María
Migliore agregó: “Hay gente que carece de un montón de cosas, no
solamente de ingresos. Ahí la política social es clave para poder intervenir.
Como la llamada política de integración socio urbana: casi 5 millones de
personas en Argentina no tienen acceso a servicios básicos”. Y agregó: “Es
necesario realmente poder trabajar en red y que cada lugar cumpla el rol
que tiene que cumplir. A veces siento que estamos tan desbordados que le
pedimos a todos los espacios desordenadamente que cumplan todos los roles
y, por ese motivo, falla. Los chicos están llegando a las escuelas cada vez con
más problemáticas sociales, más violencia; muchas veces en los contextos
más vulnerables e, incluso, con hambre. Entonces a los docentes, que les
pagamos pésimo, les exigimos que les enseñen, que los contengan… no les
podemos pedir que hagan todo. Hay una oportunidad de repensar la política
social. Acompañar a las escuelas para que el docente pueda enseñar y que
haya gente especializada en acompañamiento, que haga la relación entre qué
pasa cuando el chico sale de la escuela y llega a su casa, qué pasa en todo
ese trayecto, dónde está, qué es lo que le está pasando. No es sólo
presupuestario; obviamente siempre se necesita presupuesto, pero creo que
muchas veces es también capacidad técnica, visión clara y voluntad
política”.
Cultura del trabajo, AUH y las nuevas ciudades
“La cultura del trabajo no se perdió. Hoy en la Argentina se trabaja más y en
condiciones más precarias. En general, las personas que cobran planes
sociales tienen uno, dos o tres trabajos; el universo es el cuentapropismo
informal de baja calificación y, encima, sigue siendo pobre. Entonces esa idea
de que se rompió la cultura del trabajo a mí me parece absurda realmente. Sí
creo que hay que poner en discusión cómo son las condiciones de trabajo y
cómo es una organización del trabajo acorde a este tiempo. Creo que todo está
estructurado en función del trabajo y, ahí, hay desafíos bien concretos que
mirar con integralidad”.
Por otro lado, Migliore planteó una observación disruptiva de la política que
elude las estructuras partidarias y prioriza “la construcción de causas”. “Hay
un ejemplo en política social que es lindo, que es el del AUH (Asignación
Universal por Hijo), es una política que la puso en agenda Elisa Carrió en 2009,
la sancionó Cristina Fernández de Kirchner, después Mauricio Macri la mejoró
porque la hizo compatible con las asignaciones familiares, Alberto Fernández le
sumó la tarjeta alimentar y, hoy, es la que está usando Javier Milei para llegarle
a la gente. Si bien tiene cosas para seguir mejorando, desde 2009 hasta hoy se
mantiene”.
La especialista publicó, junto a otros colegas, “Urbanofilia”, un libro que aborda
la problemática sobre cómo queremos que sean esas ciudades donde vamos a
vivir. Allí la politóloga destacó que “el desafío más grande que tiene la ciudad
es reconstruir lo común” y resaltó que son “los gobiernos locales los que van a
poder hacer eso. Si pensás que tu ciudad tiene que ser transitable,
probablemente se plasmará un diseño que tenga que ver con poder caminar,
con accesibilidad, descentralización y eso es muy notorio. Entonces abordo la
vida como en la ciudad, las tensiones y los dilemas que hay cuando se
gobierna, pero la idea más importante es cómo nosotros concebimos la realidad.
Después diseñamos, planificamos y construimos política pública”.