Las estufas durante el invierno como las cocinas a gas durante todo el año esconden un
peligro tan silencioso como letal: el monóxido de carbono. Como no se ve, no se
huele ni se
siente, es imposible detectar su presencia hasta que ya es tarde. Por ese motivo se lo
conoce como "el asesino invisible".
Debido a la gran demanda durante la época invernal, cada año, las guardias hospitalarias
colapsan con miles de intoxicaciones que se podrían evitar tomando las medidas
preventivas adecuadas. Este gas se genera cuando un artefacto (a gas, carbón o leña) quema
mal el combustible en un ambiente sin ventilación. Al respirarlo, el monóxido desplaza de
inmediato al oxígeno en la sangre, asfixiando las células del cuerpo sin dar ninguna señal de
alerta.
El gran peligro es que sus primeros síntomas se camuflan perfectamente con una
gripe o
un cansancio normal: dolor de cabeza, mareos, náuseas y un decaimiento generalizado.
La prevención no requiere de grandes tecnologías, sino de cuidados mínimos. En tal
sentido, OSPEDYC
recomienda:
•Revisar las instalaciones una vez al año con un gasista
matriculado.
•Mantener siempre una rendija de ventilación abierta (la famosa
"corriente de aire")
que puede salvar vidas.
•Una llama azul es sinónimo de combustión
limpia.
•Si se visualiza llama amarilla o naranja, se
sugiere apagar el artefacto inmediatamente.
No dejes tu seguridad al azar. El monóxido de carbono no avisa, pero si podés
anticiparte.
Para más información: www.ospedyc.org