ENTREVISTA
La Argentina atraviesa una etapa de incertidumbre y con profundas transformaciones
económicas, sociales y políticas. La inflación, el empleo, los salarios y el mapa político
plantean interrogantes sobre el futuro del país y de los trabajadores. Para analizar este
escenario, UTEDYC dialogó con el reconocido politólogo e investigador Andrés
Malamud, quien, desde una perspectiva estructural, se refirió a la persistencia
inflacionaria y los desafíos para alcanzar acuerdos entre sectores con intereses,
actividades y realidad territorial dispar.
-¿Cómo analiza la actualidad del país y con qué otro momento histórico la
compararía?
-“Argentina tiene un problema que los demás países no tienen de la misma manera: la
inflación. Nos diferenciamos de lo que se discute en el resto del mundo, como los
conflictos militares o la inmigración. Es una dificultad que tenemos desde hace 80 años
y que podemos encontrar en Mafalda y en Tato Bores, porque algunos de los
inconvenientes de la década del 60’ son bastante parecidos a los actuales. Los
argentinos eligieron para resolver este problema a un economista. Por eso considero a
Milei como una respuesta idiosincrática. No lo veo como una réplica de otros
fenómenos internacionales de derecha radical. No lo eligieron por la inmigración o el
cierre de las importaciones, sino porque querían que bajara la inflación”.
-¿Por qué cree que Argentina todavía no logró resolver esta cuestión?
-“Hay quienes creen que es un problema de incapacidad técnica de los economistas y
otros que lo atribuyen a la política. Pero estamos los que creemos que se trata de un
problema estructural, socioeconómico y hablamos del ‘empate’, que es la división de
la sociedad en dos sectores que pueden bloquearse mutuamente, pero no imponer su
propio proyecto. Tuvimos un proceso de desarrollo temprano que derivó en la tensión
entre un dólar bajo, que favorece al consumidor, y un dólar alto, que beneficia a los
exportadores. Una característica típica es que exportamos lo que comemos. Y nuestro
país puede pasar de tener un gran complejo exportador, vinculado fundamentalmente
con los alimentos, a tener tres: alimentos, energía y minería. Los dos últimos tienen una
característica importante: no los consumimos de la misma manera. Si eso se consolida,
podría reducirse esa brecha histórica”.
-¿Ese cambio puede contribuir a reducir la inflación?
-“Hay distintas explicaciones. La de Milei es monocausal, sobre la emisión; mientras que otras son multicausales como consecuencia de shocks externos y, sobre todo, las expectativas. Existe una inflación inercial: como pensamos que los precios van a subir, aumentamos preventivamente. Argentina tuvo distintos programas que consiguieron reducir la inflación durante un período: el austral, la convertibilidad y después (Roberto) Lavagna; todos terminaron fracasando porque las condiciones estructurales no habían cambiado. Era siempre un polo exportador, alimentos, y un polo consumidor”.
-En términos educativos, ciencia y tecnología, ¿cómo ve posicionado el país?
-“Mal, pero no fuera de contexto porque en la mayor parte del mundo las pruebas PISA también fueron una catástrofe. De hecho, en Inglaterra las cosas salieron mejor, pero no en Gran Bretaña. También en algunos países como El Salvador y Uruguay. Es importante analizar y acompañar las perplejidades del mundo respecto a qué hacemos con las nuevas tecnologías y la enseñanza. A su vez, el gobierno detonó el presupuesto educativo y de ciencia, que evidentemente tendrá un impacto negativo”.
-En relación con la ubicación geográfica de nuestro país, ¿cuáles son las ventajas y desventajas que tiene?
-“La distancia siempre fue una desventaja y hoy dejó de serlo. Era un perjuicio por el flete y era caro estar lejos. Pero en la actualidad es una ventaja por la seguridad. Hay un grupo de países que están clasificados como los más resilientes en lo que se llama crisis catastrófica, como puede ser el oscurecimiento del sol, una erupción volcánica, un meteorito o una bomba nuclear. Otro es el pulso digital, que nos deja sin comunicaciones y, finalmente, los riesgos biológicos, tal como una pandemia. Los cinco países más resilientes en los análisis sobre mejor situación para aguantar estos riesgos son Nueva Zelanda, Australia, Islandia, Suiza y Argentina. De ellos, cuatro son países desarrollados. Argentina lo es menos, porque tiene una infraestructura básica. Entonces, esto es otra vez una virtud de la distancia, que compensa el subdesarrollo”.
"Es importante analizar y acompañar las perplejidades del mundo respecto a qué hacemos con las nuevas tecnologías y la enseñanza".Andrés Malamud
-A 43 años de la recuperación de la democracia, ¿cuáles son las fortalezas y las debilidades que tiene?
-“La mayor fortaleza de nuestra democracia es la resistencia; no cae, no quiebra. Se bancó todo: hiperinflaciones, motines militares, un ataque terrorista, el colapso del 2001. El mayor defecto es la calidad, que se demuestra en la insatisfacción popular. No es que el mundo brille en ese sentido porque, por ejemplo, en Estados Unidos hay mucho más descontento que en nuestro país. El problema de la democracia argentina es que no consiguió bajar la inflación ni asegurar la estabilidad macroeconómica, cuestiones que, democracias peores, como Perú o Paraguay, sí lograron”.
-¿Argentina es un ‘país normal’? ¿qué parámetros considera que definen esa característica?
-“A mí me gusta pensar que un país normal no está en guerra, no enfrenta violaciones masivas a los derechos humanos, no tiene una subversión que desafía la estabilidad y donde los ciudadanos no se mueren de hambre porque tienen un sistema económico inclusivo. Lo que pasa en Argentina es que tenemos un nivel de pobreza importante, informalidad creciente y mucha insatisfacción con el empleo y el poder adquisitivo. Y esto es bastante normal. ¿Qué preocupa a los argentinos? Que no llegan a fin de mes. Es un país donde la normalidad es la malaria. Argentina es un país bastante normal, lo que no quiere decir próspero y satisfecho. Porque no es normal ser próspero y satisfecho. La mayoría, incluso los ricos, están insatisfechos”.
-Durante los últimos años y especialmente en el Mundial se intentó instalar la idea de que Argentina es un país racista, ¿cuál es su punto de vista?
-“Esa discusión parte de un artículo periodístico publicado cuatro años atrás en el que un antropólogo explicaba que no había negros en la selección. ¿Cuán afinada es esta percepción? Poco. Porque suponiendo que una selección tiene que ser representativa de una sociedad, lo que tenemos que preguntarnos es cuál es el porcentaje de personas negras que tiene. En Argentina, esa población no llega al 1% y no hay ninguna denuncia que diga que alguien no pudo jugar en la selección por ser negro. Así que, todo parte de un gran malentendido. Después, puede ocurrir que haya gente que se sienta discriminada por muchas razones, pero si nos comparamos con los demás países, no estamos peor que la mayoría. Somos uno de los países que tiene menos segregación y denuncias por racismo”.
-¿Cómo observa la situación del empleo, los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores?
-“El gobierno argumenta que la situación está bien porque tiene indicadores objetivos, pero la gente no se siente bien. Hay encuestas recientes que muestran que la respuesta más frecuente de las personas interrogadas es ‘la Argentina está bien, pero yo no’. Es decir, el rumbo parece el correcto, pero no sienten la mejora. Hay una insatisfacción personal que por ahora no se manifiesta políticamente porque la gente le da una oportunidad más al gobierno, ya que cree que el camino es mejor que el que había antes. Entonces, no están contentos, pero no perdieron completamente la esperanza”.
-¿Qué rol piensa que tienen los gremios y las centrales sindicales en este contexto, especialmente frente a los avances tecnológicos y en función de las nuevas generaciones de trabajadores?
-“Es un tema fascinante. Argentina históricamente tuvo una tasa de sindicalización superior a la de muchos países comparables. Hoy está disminuyendo ese nivel, en parte porque también está reduciendo el empleo. Los sindicatos tratan de adaptarse, pero no veo hasta ahora una respuesta de anticipación a lo que está ocurriendo. Algunos dirigentes ven las transformaciones antes que otros. Hay organizaciones que están innovando más, en parte porque las características de sus actividades las obligan a hacerlo. También existe un proceso de particularización. Los trabajadores suelen valorar a su sindicato, pero tener una opinión negativa de los gremios en general. Es un fenómeno parecido al que ocurre con los partidos políticos o los clubes de fútbol: se valora lo propio y se cuestiona a los demás”.
-¿Cómo podría revertirse esa situación?
-“Ojalá tuviera la respuesta. Lo que vemos es que en todo el mundo la participación sindical está en declinación, incluso en países que son modelos como Alemania. Los casos exitosos de participación sindical y del trabajador en las decisiones y en las ganancias hoy están en crisis. No porque el sistema haya fracasado, sino porque la economía tira todo hacia abajo. Es difícil imaginarse cómo podríamos estar mejor nosotros en un país que no crece. La solución es crecer y mucho, al 5% anual durante muchos años. Si pasa eso, cualquier modelo sindical va a funcionar”.
"Para entender la política argentina hay que mirar la economía y el territorio".Andrés Malamud
-Basándonos en el liderazgo que construyó Milei para ganar las elecciones del 2023, ¿piensa que tiene la misma influencia en la actualidad?
-“No. Hay un desgaste evidente. Por un lado, hay un cierto bajar de brazos de la militancia. La fuerza del cielo y la fuerza del suelo, que hoy tiene más fuerza. Entonces, la fuerza del cielo tuitea menos. El otro 25% que se sumó en el balotaje, en el presente está, por lo menos, altamente insatisfecho. El mejor barómetro de eso es Patricia Bullrich. La base de Milei está un poco menos romántica que antes. Sin embargo, esas personas que votaron a Bullrich en la primera vuelta y se sumaron a Milei prefieren seguir votando a disgusto antes que a la oposición. El futuro está abierto”.
-¿Cuáles considera que serán las principales demandas sociales y laborales de los trabajadores durante los próximos años?
-“No veo que vaya a existir una única política nacional. Y por lo mismo va a ser muy difícil que haya una política sindical que sea nacional. Creo que los trabajadores van a exigir diferentes cosas en función del sector de la economía y del territorio donde estén insertos. Van a haber cada vez más negociaciones regionalizadas. Los trabajadores de Neuquén y Río Negro no necesariamente van a tener las mismas necesidades que los de Santa Fe o la Ciudad de Buenos Aires. Antes era más sencillo pensar en la pampa húmeda y los grandes conurbanos: unos producían para exportar y otros consumían. Ahora es todo más complejo. Son más los que exportan y los que consumen, porque también cambió en el Interior. La confianza en el gobierno y del consumidor es una en el AMBA y otra en el Interior, que está 10 puntos porcentuales arriba”.
-¿Esto implica una transformación de la estructura social, política y económica del país?
-“Sí. El Interior tiene una dinámica diferente a la del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los indicadores de confianza del gobierno y de los consumidores muestran diferencias importantes. Para entender la política argentina hay que mirar la economía y el territorio. Una parte del interior del país desarrolló una reacción frente a la percepción de que las decisiones se tomaban desde Buenos Aires. Eso también ayuda a explicar algunos de los cambios políticos recientes”.
-¿A quién ve como presidente o presidenta en 2027?
-En América del Sur hay una corriente que favorece a las oposiciones, como en Chile y Colombia. Si la economía en Argentina empieza a crecer en niveles de 2.5 a 4%, lo más probable es la reelección de Milei. Si no gana él, imposible saberlo porque, en algunos casos, cuando hay un candidato disruptivo, a veces lo sigue otro candidato disruptivo: a (Gabriel) Boric lo siguió (José) Kast. Hiperdisruptivo a recontra hiperdisruptivo; a (Gustavo) Petro lo reemplazó (Abelardo) De la Espriella. En Brasil pasó lo contrario: a (Jair) Bolsonaro lo sucedió Lula Da Silva, pero hay que ver qué ocurre ahora (las elecciones son el domingo 4 de octubre). Desde el análisis, para Milei es mucha mejor señal que gane Lula por su interés personal en la relación con Estados Unidos. En cambio, si gana (Flavio) Bolsonaro, Milei pasará automáticamente a ser el número dos de (Donald) Trump. Nunca va a ser su declaración pública; no lo puede decir. Tiene que decir que prefiere a Bolsonaro”.
Operación: Argentina. De la ilusión a la casta, diálogos sobre cuatro décadas de democracia (Editorial Planeta, 2026).
Diccionario arbitrario de política (Editorial Capital Intelectual, 2023).
Ciência Política à Portuguesa: A Disciplina Contada pelos Seus Protagonistas (ICS, 2021).
El oficio más antiguo del mundo. Secretos, mentiras y belleza de la política (Editorial Capital Intelectual, 2018).
Adelante radicales. Ocho ensayos y una ficción sobre el futuro del radicalismo(Editorial Capital Intelectual, 2019).
La política en los tiempos de los Kirchner (Eudeba, 2011).
Foto: Forbes