Inteligencia Artificial, algoritmos y sindicatos:
la nueva disputa por el trabajo en
Argentina
PARTE 2
Entre el temor y la disputa
El avance tecnológico también trae incertidumbre, una parte significativa de las personas puede sentirse amenazada por este cambio de paradigma y temer que su fuerza laboral sea reemplazada por la automatización, lo que tensiona el clima social.
Sin embargo, el sindicalismo argentino comienza a correrse de una posición puramente defensiva hacia una estrategia más compleja: disputar la conducción del proceso tecnológico.
Desde la Confederación General del Trabajo se plantea que la tecnología no debe ser un factor de precarización, sino una herramienta para mejorar la calidad del empleo. Bajo esta lógica, si la IA incrementa la productividad, ese beneficio debe traducirse en:
- reducción de la jornada laboral
- mejora salarial
- mejores condiciones de trabajo
El desafío argentino: consensuar el futuro
Argentina presenta condiciones particulares que hacen aún más compleja esta transición:
- alta informalidad laboral
- heterogeneidad productiva
- fuerte tradición de negociación colectiva
En este contexto, la inteligencia artificial no solo redefine tareas, sino que pone en discusión el propio rol del sindicalismo, en tanto la realidad invita a las organizaciones a transformarse y habitar comunicación digital, apps, plataformas, etc., para representar a trabajadores y trabajadoras.
El eje empieza a correrse hacia una nueva frontera: la soberanía tecnológica como parte de la justicia social.
En pocas palabras significa que la tecnología, y en especial la inteligencia artificial, no puede quedar solo en manos de unas pocas empresas o mercados, sino que debe estar bajo control social y democrático.
Las y los trabajadores deberían:
- conocer cómo funcionan los algoritmos que los evalúan
- discutir su uso en paritarias
- participar en definir cómo se reparten los beneficios que genera la tecnología en la producción de bienes y servicios.
En ese sentido, la soberanía tecnológica busca algo muy concreto: que la innovación no aumente la desigualdad, sino que mejore las condiciones de vida y trabajo.
Una disputa abierta
La historia del trabajo demuestra que ninguna transformación tecnológica es neutral. Siempre implica una disputa por el poder, la renta y los derechos sociales.
La IA no es la excepción. La pregunta de fondo ya no es tecnológica sino política:
¿quiénes gobernarán los algoritmos: el mercado o la organización colectiva?